primero, lo primero que hacés es reunir a los pibes en el bar para contarles cómo te tiró la goma y cuántos polvos fueron. no importa para nada a qué lugar la llevaste antes ni cuánto gastaste. eso se lo dirá ella a sus amigas; será ella la que profundizará en los detalles insignificantes, la que contará lo que charlaron en ese bar palermitano, la charla que fue la transición entre la amistad y algo más, ese algo más que fue excusa para que se vuelvan a encontrar algunas semanas después. y la semana siguiente, y la otra. seguís yendo al bar para boquear, contás monedas delante de pobres, solteros que no la ponen o casados que están hastiados de ver lo mismo de siempre. estuviste de los dos lados y ahora sos el rey de la mesa, el centro de atención, el testigo indiscreto de ese pacto de silencio que acordaron dos cuerpos jovenes, hermosos, decepcionados, sin compromisos. pero los compromisos están a la orden del día, y uno se compromete al decir que sí aunque no más sea para ir caminando hasta un cine del Congreso, sin tomarse de la mano ni nada. eso sería una herejía, una falta de respeto a la hombría de uno mismo, al qué van a decir los muchachos, 'te estás enganchando, te estás casando, pibe'. no, para nada, esto es un tiroteo y nada más.
qué va a ser un tiroteo, si aceptás resignar comodidad para ganar algo de comodidad, sí, y ahorrar unos pesos, y ponés la jeta en su casa. el padre, la madre, hermanos, hermanas, primas, abuelas, tías. caras nuevas que examinan con guante de plástico y un bisturí en la mano de atrás, imaginás. pero no, nada que ver, por suerte, decís, y tenés a tu disposición un balcón a la calle, autónomo, para sacar los parlantes y fumar sin problemas, acostado a un lado de ella, que sabés que está ansiosa por una opinión, pero te la callás hasta que te pregunte. te lo va a preguntar dos o tres días después, no es capaz de arruinar un momento, es considerada. y eso te gusta, por eso aceptás verla otra vez, la semana siguiente. ella deja un libro de garantía, sutil manera de amarrarte, pero te diste cuenta una vez que lo terminaste de leer. propuso un intercambio y como sabés que con ella sí podés hacer ese tipo de cosas, dejás un par de discos a cambio de otros libros y alguna que otra película. cuidalos como tu culo, implorás antes de confiarle tu música.
volvés al bar, adiós detalles. está todo bien, decís, sonreís, prendés un cigarrillo, mirás a la barra y pedís otra cerveza. a pesar de salir mareado y con el tiempo justo para llegar a casa y cenar, no hubo más palabras que un 'estamos bien'. otra sonrisa y nos vemos el finde, ¿te parece? nos quedó pendiente una partida de poker.
siempre estuviste más cómodo en tu casa, entonces la invitás, pero aclarás. no sé qué es lo que aclarás, entiende a la perfección, dice ella, y acepta, por supuesto. no te quiere devolver los discos, dice que le gustan muchísimo, que hasta la madre preguntó que era. buenísimo, le decís. y la besás.
sus conocimientos te abruman, te sorprenden y te resultan admirables, porque no hay nada más seductor que aprender, decís, mitad verdad, mitad mentira, porque también te gusta verla desnuda, fragil, tuya. insistís que no es lo más importante, por eso aceptás recomendaciones y préstamos y sugerencias exigidas. alguna vez le hacés caso.
más películas, más discos, más libros, más besos: más sexo, especialmente. asados entre amigos, cumpleaños entre amigas, familiares, charlas sobre rótulos y la conveniencia de tener uno, el futuro, las actividades, el ocio, los viernes, los sábados, los domingos.
y entre tanto, van cuatro meses. y no podés creer que todo haya pasado tan rápido.
La Mancha de Rolando - La sequía
Hace 3 horas

